Una rosa blanca...

Entre las conversaciones al lado del leño encendido  un fin de semana entre amigos en Godoy Cruz conocí esta historia.El viento helado se pegaba a los ventanales. Mientras me deleitaba con una tabla de chocolate con almendras .En el asador preparaban una carne con verduras asadas y entre los comensales  una copa de vino Malbec de los finos viñedos mendocinos, aromatizaba el ambiente.

La historia...
Miraba las rosas.Rosadas,blancas,amarillas,rojas,borgoña,naranjas. Rosales floridos y espinosos que se trepaban por las columnas blancas. Esa mañana de primavera ,Francisca estaba sentada debajo de una glorieta del parque San Martín de Mendoza.
Un tiempo atrás sentía que las despreciaba,les traían angustia y dolor.Rosas a su vez símbolo de la presencia de la Virgen María con su exquisito aroma a rosas.
Con la intención de oler la fragancia de una de ellas,con torpeza arrastró una espina provocándose unas gotas de sangre en su dedo índice.
De inmediato esas gotitas la remontaron a un recuerdo cuando Francisca tendría unos 14 años de edad y su madre la esperaba.
Ella estaba retrasada e intentaba llegar rápido a su casa,desesperadamente .En la boutique de su amiga Silvina, se había demorado más de lo convenido. Silvina le había comentado acerca de   Alejandro,quien deseaba conocerla y buscaba saber de sus horarios y o rutinas para concertar una cita. Francisca estaba feliz del interés de Alejandro por ella.

Su mamá le tenía prácticamente prohibido salir sola..No podía ir al cine con sus amigas,de vacaciones,practicar tenis en el club pese a que le gustaba tanto ,o tan sencillo como salir a pasear para distraerse ,bailar,ver un show,incluidos espectáculos.La palabra prohibido le significó durante mucho tiempo otra espina.

La forma de pensar de sus papás no le autorizaba hasta quedare a dormir en la casa de alguna de sus compañeras después de organizar una jornada de estudios. Francisca se sentía ahogada. Ellos controlaban todos sus movimientos.Sufría.
Familiares y amigos sabían que no podían invitar a Francisca ni a los bailes de carnaval ni a los festejos de la primavera,siguiendo las costumbres de la provincia.
Desde su cama,muy temprano,escuchaba los preparativos cuando se organizaban las salidas hacia  Potrerillos.
Francisca se rebelaba como podía.Le explicaba a su madre acerca de su necesidad de salir,propio de su edad,pero vivía de no en no. Asfixiante

Ese día estaba aceleraba sus pasos. Llevaba media hora de atraso de lo pactado con su mamá. Podía sentir los latidos de su corazón. Hacía frío pero transpiraba de calor,nunca la plaza  le pareció tan grande y ¡ eso que la recorría todos los días!
Miles de preguntas la asaltaban. ¿Cuál sería la reprimenda ? ¿Cuál sería el siguiente no?

Miraba el reloj una y otra vez.En el centro de la plaza ,el viento junto a un remolino de hojas secas le hacía más lenta la marcha.Como si fuera una zancadilla del destino , Alejandro pasó en su bicicleta,por el mismo sendero ,justo a su costado y le tiró un beso.
No podía hacerse de un minutos para  conversar con él. El miedo que sentía era aún mayor.

Temblorosa,como una hoja a punto de caer de su árbol,Francisca buscaba la llave de entrada en su bolso,hasta que la halló en el bolsillo de su campera.Como pudo abrió la puerta y en el living estaba su madre,parada como una estaca y mirándola fijamente.
Francisca le explicó casi afónica,como si tuviera un caramelo incrustado en la garganta,que Silvina le había preparado un café,que el sendero principal  era un lodazal y encima se encontró en la misma plaza con el abuelo de Juan.

Su madre se dio vuelta sin decirle una palabra y como un robot caminó decidida hacia el jardín.Francisca la siguió.Su mamá tomó una de las rosas con violencia por su tallo,lo que hizo que ella enmudeciera.Con un golpe seco se lastimó la frente quedando surcada por heridas sangrantes.
Francisca estaba paralizada,horrorizada,le quemaba la garganta y una cortina de lágrimas le nubló la vista.

-Su madre se castigaba a sí misma.¡Ese era el peor de los castigos!- Le dije a mis amigos.Es seguramente una patología...

Francisca envuelve su dedo índice en un pañuelo bordado, sacude levemente su mano por si otra espinilla la afectara.También como ahuyentando el recuerdo.Ya no sangra.
Le espera subir,recorrer y disfrutar un largo rato del mirador del Cerro de la Gloria,desde donde se aprecia con ojos de halcón de la provincia de Mendoza.
Se levanta y Francisca vuelve a caminar por el rosedal mientras unos pájaros picotean por el césped.
 A lo  lejos aparecen un grupo de turistas.

Por la claridad del día una de las montañas de la precordillera se divisa más clara que las otras.
Como si fuera una rosa blanca,enorme e inmóvil,pero sin espinas.







Comentarios

  1. Mirta Noemi Betti Gloria, excelente creativa, buena pluma, te deseo lo mejor, te lo mereces 💙💚💛

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  2. Tus descripciones parece la estamos viviendo,genia, ya pasará esto y podremos comprarlo ,felicitaciones! !!Mirta Pilotti

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  3. Gloria,la vuelvo a leer y siento la misma emoción, sos una genial,hermosa escritora,me gustaría conocerte y eres genial!!!

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